Han pasado 17 años desde que el SIDA fue detectado por primera vez en Africa, a orillas del lago Victoria, y, según el Programa Conjunto de Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA www.unaids.org (UNAIDS), el virus ha matado ya a más de 11 millones de africanos subsaharianos. 

Más de 22 millones se encuentran infectados. 

Sólo el 10 por ciento de la población mundial vive al sur del Sáhara, pero esa zona es el lugar en el que viven las dos terceras partes de los seropositivos del mundo y ha sufrido más del 80 por ciento de todas las muertes de SIDA. 

La esperanza de vida en más de una docena de países africanos «será pronto 17 años más corta por culpa del SIDA, de 47 años en lugar de 64», afirma Callisto Madavo, vicepresidente a cargo de Africa en el Banco Mundial.  El VIH «está literalmente arrebatándonos en Africa la cuarta parte de nuestras vidas».

El estigma y la discriminación en torno al VIH y SIDA continúan impulsando la pandemia, ya que impiden que la gente recurra al asesoramiento y pruebas voluntarias para conocer su situación.

La promesa de nuevas vacunas y de programas de prevención más eficaces no lograrán detener la propagación del VIH y del sida, a menos que se elimine el temor y el estigma social contra los que viven con el virus, y aún entre los propios portadores.

Incluso cuando un hombre sabe que es seropositivo, que es necesario que use preservativo para protegerse a sí mismo o a su pareja, es muy posible que se niegue a usarlo. ¿Por qué? Por el qué dirán, porque asocian profilácticos con VIH y SIDA, porque los hombres “de verdad” no lo usan…

Primero fue la creciente incidencia de infecciones por HIV. Después llegaron los millones de muertes por causa del SIDA. Pero sin duda, la gran amenaza a la que se enfrenta África es al destino de la alarmantemente creciente población de niños que han perdido a sus padres. Niños solos, huérfanos del estigma. Por que se preveé que en menos de diez años, haya 42 millones de de huérfanos por el SIDA en África.

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